miércoles, 3 de agosto de 2011

La Educación, un enfoque desde la biología del conocer

El tema central a disipar cuando se trata de referirse a problemas relacionados a la educación es cómo surge el observador -en este caso alumnas y alumnos-, con capacidad de realizar explicaciones y descripciones que tengan carácter científico. Los seres humanos como seres vivos somos una relación dialéctica entre organismo y medio. Nuestra constitución genética determina el campo de posibilidades donde ocurren los hechos que vivimos, gatillando el medio al mismo tiempo cambios en nosotros que son especificados por nuestro propio organismo. Los seres humanos somos máquinas que transforman las perturbaciones y anomalías del entorno en nosotros mismos, metabolizando dichas perturbaciones y transformándolas en elementos de nuestra propia organización.[1]

Los humanos somos seres vivos que en nuestro vivir vivimos como unidades independientes, constituyendo constantemente nuestra autonomía como unidades discretas. Este operar como unidades discretas se refiere al operar en una dinámica interna y una dinámica relacional que tiene como producto una continua realización de sí mismos, donde todo lo que pasa se refiere sólo a nosotros mismos. El ser humano como ser vivo genera la red de producciones y transformaciones que lo producen y transforman permanentemente. Dan también origen  a bordes, quedando hombres y mujeres como sistemas cerrados sobre sí mismo y separados del medio por límites. Desde esta perspectiva, los flujos de perturbaciones que son incorporados en la dinámica de esta red, se integran a la red como componentes de ella.

En este sentido Maturana define lo humano no como un fenómeno físico, sino como “un fenómeno relacional. Es decir, históricamente lo humano se da y surge en la dinámica de relación de los seres vivos como sistemas autopoiéticos determinados estructuralmente con el origen del lenguaje. Sin embargo, aunque la existencia humana surge en una dinámica determinista, su ocurrir es un fenómeno histórico, y por lo tanto no está predeterminado”.[2]El ser humano es un ser cultural, es decir, es un modo de convivir en redes cerradas de coordinaciones recursivas de emociones y haceres en el lenguaje. Estas redes se manifiestan en el conversar y las distintas culturas son diversas redes de conversaciones.

Los seres humanos somos una corporalidad, una fisiología, pero al mismo tiempo un modo de vivir humano que se da en el vivir en una comunidad humana. Maturana agrega que los seres humanos somos seres que vivimos en un continuo coordinar del emocionar y del hacer.  Pero este modo de vivir humano no esta determinado sólo por la corporalidad a través de su constitución genética y menos se conserva de esa forma. La vida individual humana surge en la interacción del organismo con el medio en su hacer y resurge en cada momento en que se produce el encuentro del organismo con el medio, es decir, el ser humano se recrea en su constante interacción dinámica en el coordinar recursivo del hacer entre dos o más sistemas independientes.

La recreación constante de los seres humanos no surge solamente de fenómenos causales locales, sino que son fruto principalmente de determinadas coherencias históricas creadas en comunidad por los seres humanos en su co-devenir ontogénico, es decir, en la historia de transformaciones de los seres humanos como seres vivos producto de una historia de interacciones a partir de su estructura inicial. Nosotros somos en ese sentido, el presente de esta dinámica histórica espontánea de la constitución y conservación del ser humano. El vivir se da, entonces en la realización de este modo de vida humano como ser vivo autopoiético en un proceso dinámico de emergencia histórica de lo humano.

Entender el modo humano de su vivir plantea a la educación una forma de aprendizaje que consiste fundamentalmente en participar en esta emergencia histórica de lo humano fortaleciendo su adaptabilidad a un entorno siempre cambiante con conservación de la  identidad y autopoiésis que le son propios. Esto implica el respeto por su ser, por sus coherencias operacionales creando los ambientes de conocimientos necesarios para que estas coherencias estructurales que definen su modo de ver y lo transforman permanentemente se puedan modificar y desarrollar. La transformación de los jóvenes en su encuentro con profesoras y profesores debe realizarse a partir del respeto por ellos, es decir, debe constituirse en un proceso biológico natural y espontáneo que  permita  incorporar  en las alumnas y alumnos estos nuevos elementos culturales asumidos y transformados en elementos de ellos mismos, productos de su propia organización autopoiética. En este proceso de enseñanza/aprendizaje las alumnas y alumnos deben comportarse espontáneamente como sistemas vivos de organización circular, que en palabras de Maturana y Varela hace emerger los fenómenos biológicos como sistemas que se realizan y existen en la continua producción de sí mismo.[3]


Santiago, Junio de 2011


[1] Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo.”. 1994.
[2] Matura, Humberto. Transformación en la Convivencia”. 1999. Pág. 194.
[3] Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo.”. 1994.

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